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19 de noviembre de 2024De tormenta a catástrofe: Cómo el abandono de la gestión territorial agrava el impacto de las lluvias extremas
El abandono de la gestión territorial es un factor clave que incrementa el impacto destructivo de las lluvias extremas. En Devotio, creemos que el manejo adecuado del territorio y los paisajes es fundamental para mitigar los efectos devastadores de fenómenos climáticos extremos, como las tormentas torrenciales y DANAs, que en regiones como Valencia han causado graves daños. Aunque otros factores también influyen en los desastres naturales, estamos convencidos de que las estrategias de gestión sostenible y restauración del paisaje que promovemos pueden marcar la diferencia si se implementan de forma amplia y estructurada.
La conexión entre el abandono de la gestión territorial y el impacto de lluvias extremas
Las tormentas intensas son fenómenos naturales que, con una gestión territorial adecuada, podrían controlarse en gran medida para reducir sus efectos destructivos. Sin embargo, el abandono de la gestión territorial, la degradación de suelos y el desuso de prácticas sostenibles han aumentado el riesgo de que estos eventos se conviertan en catástrofes, como hemos visto recientemente con la DANA en Valencia. La falta de inversión en la gestión de recursos hídricos y el impacto de prácticas agrícolas intensivas son factores que elevan el riesgo de que las lluvias torrenciales causen desastres.
El impacto del abandono de la gestión territorial en la erosión y la gestión del agua
Durante siglos, las comunidades rurales han adaptado sus prácticas de manejo del territorio para garantizar no solo su subsistencia, sino también la protección del paisaje y minimizar la erosión. Un ejemplo de esta adaptación es la agricultura en terrazas o bancales en barrancos, pendientes y montañas. Este sistema de cultivo tradicional es una barrera efectiva contra la erosión y controla el flujo de agua en épocas de lluvia intensa.
1. La agricultura en terrazas: Una barrera natural contra la erosión
La construcción de bancales en las laderas cumple múltiples funciones. Los muros de piedra y tierra que los forman retienen el suelo y evitan que se desplace, protegiendo así su estabilidad y fertilidad. Estas terrazas, además, cumplen un papel fundamental en la gestión del agua: al ralentizar su paso, evitan que grandes cantidades se acumulen en los barrancos y generen corrientes que, al ganar velocidad y fuerza, arrasan con todo a su paso.
Gracias a este sistema, el agua se distribuye de manera escalonada y se infiltra gradualmente en el suelo de cada nivel. De este modo, las terrazas no solo minimizan la erosión, sino que también protegen el paisaje de desbordamientos y deslizamientos de tierra. Sin estas estructuras, el agua fluye sin control, se acumula en los barrancos y forma ríos que, al tomar fuerza, pueden destruir todo en su camino. La restauración y el mantenimiento de estas terrazas pueden marcar la diferencia entre un flujo controlado y una catástrofe en terrenos inclinados como la DANA.
2. Agricultura convencional y su papel en la erosión del suelo
La agricultura convencional ha transformado el uso del suelo en muchas regiones, con un alto coste ambiental. Uno de los problemas clave es la pérdida de materia orgánica en el suelo, esencial para su capacidad de retención y absorción de agua. La materia orgánica funciona como una esponja, reteniendo el agua y facilitando su absorción en el suelo. Sin embargo, las prácticas intensivas, el uso de maquinaria pesada y la falta de rotación de cultivos han disminuido la materia orgánica, dejando el suelo vulnerable a la erosión.
La falta de cubiertas vegetales en terrenos de cultivo también expone la tierra a los elementos. Las cubiertas vegetales protegen el suelo de la lluvia y del viento y ayudan a retener la humedad. Sin ellas, la tierra queda desprotegida y es arrastrada por el agua, especialmente durante eventos extremos como las DANAs. El reciente impacto de la DANA en Valencia es un ejemplo de cómo la falta de prácticas sostenibles puede tener consecuencias devastadoras.
Toneladas de tierra fértil fueron arrastradas, llevándose nutrientes y sedimentándose en ríos y zonas bajas, afectando a ecosistemas acuáticos y limitando la capacidad de los cauces naturales. Las lluvias torrenciales, sumadas a la falta de retención de suelo, provocaron inundaciones masivas. Calles y carreteras quedaron cubiertas de lodo, y miles de hogares, infraestructuras y negocios sufrieron daños catastróficos. Aún más trágico fue el impacto en vidas humanas, con deslizamientos de tierra que resultaron en numerosas muertes.
Este nivel de destrucción evidencia la urgencia de restaurar la materia orgánica del suelo y de promover el uso de cubiertas vegetales, no solo para mejorar la productividad agrícola, sino también para proteger a las comunidades de los efectos devastadores de fenómenos extremos. Implementar prácticas que fortalezcan la resiliencia del suelo es fundamental para reducir el riesgo de que, durante cada tormenta, el suelo fértil y los sedimentos sigan arrasando con vidas y ecosistemas.
3. La falta de restauración de terrazas y otras infraestructuras de contención
En muchas zonas montañosas, los agricultores tradicionales utilizaban terrazas para minimizar la erosión y mejorar la retención de agua. Sin embargo, estas prácticas han sido abandonadas en muchos lugares, dejando el terreno expuesto y vulnerable. La falta de restauración de estas estructuras tradicionales aumenta el riesgo de deslizamientos y erosión en pendientes. Este abandono contribuye a que cada tormenta, como la reciente DANA en Valencia, tenga un efecto mucho más devastador, especialmente en áreas de cultivo y comunidades aledañas.
4. Insuficiente inversión en la gestión de recursos hídricos en montes y barrancos
La falta de inversión en infraestructura hídrica en áreas rurales es otro factor que agrava el riesgo de inundaciones. La construcción de canales de drenaje y la recuperación de humedales podría mitigar el impacto de lluvias intensas, pero estas infraestructuras son, en muchos casos, inexistentes u obsoletas. Sin un sistema de captación y distribución del agua de lluvia, el territorio queda expuesto a la acumulación rápida de agua y al riesgo de inundaciones.
Paisajes de retención de agua: Una solución sostenible al abandono de la gestión territorial
Para mitigar el impacto de las lluvias intensas, proponemos la creación de paisajes de retención de agua, diseñados para almacenar y filtrar el agua de manera natural. Estos paisajes no solo reducen el riesgo de inundación, sino que también mejoran la gestión del agua a largo plazo. Entre los elementos clave de estos paisajes, se incluyen:
1. Zanjas de infiltración y barreras vegetales: Las zanjas en pendientes permiten que el agua se infiltre en el suelo en lugar de correr superficialmente. Las barreras vegetales, con plantas de raíces profundas, retienen el suelo y reducen la velocidad del agua, minimizando la erosión.
2. Restauración de terrazas: Las terrazas modernas adaptadas de técnicas tradicionales ayudan a ralentizar y distribuir el agua en áreas de pendiente, protegiendo el suelo y reduciendo el escurrimiento.
3. Humedales artificiales: Los humedales funcionan como esponjas naturales, absorbiendo grandes volúmenes de agua y permitiendo su filtración. Reducen el riesgo de inundaciones, mejoran la biodiversidad y la calidad del agua.
4. Bosques y vegetación ribereña: Restaurar la vegetación de ribera protege el suelo, estabiliza las pendientes y actúa como un filtro natural para el agua.
5. Sistemas de captación y almacenamiento: Los sistemas de captación en tejados y depósitos de agua mejoran la disponibilidad de agua en épocas de sequía y reducen el escurrimiento en tormentas.
Conclusión
El impacto de las tormentas sobre el territorio podría reducirse con una gestión adecuada, priorizando la restauración de prácticas sostenibles y adaptadas al contexto de lluvias extremas. En Devotio, creemos que es posible revertir los efectos del abandono de la gestión territorial mediante la implementación de sistemas de retención de agua y la restauración de infraestructuras naturales, como las terrazas agrícolas y los humedales. Frente a fenómenos climáticos extremos, como la reciente DANA en Valencia, estas prácticas son no solo una necesidad, sino una inversión en la seguridad y sostenibilidad del territorio.
Revertir el abandono de la gestión territorial y promover un manejo sostenible del suelo es clave para reducir el riesgo de catástrofes en épocas de lluvias intensas. A medida que el cambio climático intensifica los fenómenos meteorológicos, proteger nuestro territorio y gestionar el suelo con prácticas sostenibles será fundamental para evitar futuros desastres y promover la resiliencia del entorno y de las comunidades.



